El Debate

Es de humanos querer tener siempre la razón, parte de su naturaleza. Por ello, siempre que se cuestionan sus puntos de vista o sus ideas o ideales, este busca ganar a toda costa y crear una especie de guerra verbal con aquel que lo retó.

Es por eso que con el paso del tiempo, se han creado grupos con los mismos ideales y los cuales, en la búsqueda de la superioridad, intentan debatir y refutar las ideas de otros grupos o de otros individuos. Algunos de estos grupos son conocidos como Partidos Políticos.

La “función” principal, ya que realmente no encuentro ninguna, es abogar, ver y trabajar por el bien común de una sociedad. Nada más falso.

Hace algún par de años, conocí a Laura en un mitin político de cierto partido azul. Sí, también tuve mi etapa en la política. No era mi intención participar, pero un buen amigo me invitó a ir, y acepté acompañarlo. En este mitin, Laura dio un discurso sobre el papel de la juventud mexicana en la política y sobre cómo esta debe ser dirigida por ellos. Nunca he estado de acuerdo con las ideas de algunos partidos, pero la idea propuesta por ella, me resultó interesante, sobre todo me resultó interesante ella. Después de que se expresara, subió al estrado el típico político canoso con ideas arcaicas.

-Este viejo me aburre – le dije a mi amigo.

-Sí, totalmente. Vamos por unos tragos, mejor. – dijo mi buen camarada.

No podría estar más de acuerdo con esa propuesta. Se hace mejor política en un bar al calor del alcohol, que en un estrado fingiendo una sonrisa y buscando votos de forma descarada.

Llegamos a un bar cercano de la colonia Roma, cerca de la sede del ya mencionado partido político. Pedí una cerveza oscura y un caballito de tequila blanco, acompañado de unos cuantos tacos. Excelente combinación. Mi amigo pidió una cerveza solamente. Comenzamos a platicar sobre lo visto en el mitin, ideologías políticas de cada uno, y como podríamos aportar algo a la sociedad mexicana actual. Llegamos a la conclusión de que no mucho.

Continuamos un rato más platicando sobre música y series de televisión, hasta que algo llamó mi atención. Era una chica de no más de 1.60 mts de estatura y un cabello rojizo muy llamativo. Era Laura. Destacaba entre el grupo con el que iba acompañada.

Laura es una mujer muy inteligente y preparada, de eso no tengo ninguna duda, además de ser muy simpática. Es una chica bajita, de cabello pelirrojo (teñido, aunque le queda muy bien), con unas buenas caderas y un par de glúteos divinos. Además de un par de pechos discretos, de esos de los que soy fan, lo cuáles se veían muy bien bajo su camisa y su ropa de vestir. Pero si hay algo que me gustara más que su inteligencia, sus glúteos o su rojo cabello, es su sonrisa. Una sonrisa de dientes blancos que podría derretir un iceberg e iluminar cualquier lugar con tan sólo reír un poco.

Vi que se sentaron en una mesa cercana a nosotros, por lo que le pedí al mesero que le llevara una cerveza a mi ahora oradora favorita. Ella, al ver quién envió el regalo, se acercó a la barra después de decirle algo a sus compañeros y me invitó a sentarme junto a ella. Me despedí de mi amigo y me acerqué a hacer un poco de política.

-Buenas tardes, señorita. – le dije

-Muy buenas tardes, caballero. ¿A qué debo el honor? – me respondió esbozando una sonrisa que me cautivó inmediatamente.

-Sólo un pequeño presente en muestra de mi agrado hacia su ponencia.

-Es usted muy amable -me dijo sin dejar de sonreír.

-Me llamo Martín, un verdadero placer. – le dije.

-Laura. Encantada de conocerte, Martín.

Comenzamos platicando un poco sobre nuestras opiniones con respecto a las futuras elecciones en ese entonces, nuestras posturas respecto a ciertos temas que se suscitaron en ese momento, y así poco a poco hasta platicar sobre viejos amores, gustos personales, entre otras cosas.

-Ya es un poco tarde y mis amigos ya se van. Yo debo hacer lo mismo. Aquí tienes mi número. Sería un placer volver a verte.

-El sentimiento es mutuo. -le dije y me despedí de ella con un beso en la mejilla. El olor de su perfume era hipnotizante.

A la mañana siguiente, decidí mandarle un mensaje para saber si estaba bien. Respondió de forma afirmativa y me preguntó si tenía planes para esa tarde. Mi único plan era beber cerveza mientras veía televisión, pero salir con ella era un mejor plan por donde viera.

Quedamos de vernos a la 1 de la tarde en un bar de una de las principales avenidas del lugar.

-Nos vemos entonces, guapo. – respondió.

Me dirigí a bañarme. No servía el boiler. Maldita sea mi suerte. Me encontraba en la problemática sobre bañarme con agua fría pero de forma rápida o bañarme con agua calentada pero siendo más tardado. Opté por el agua fría. ¡Odio el agua fría!

Salí de bañar tiritando de frío. Tomé un pantalón negro, una camisa de cuadros y mi zapatos. Tomé además una chamarra de cuero para el frío. Pese a ser temprano, el día estaba frío y parecía que caería lluvia más tarde.

Llegué al lugar establecido, Laura ya estaba esperando, pese a faltar 15 minutos a la 1. Ahora, en lugar de su ropa formal, vestía una camisa de cuadros negro con rojo, una playera de Batman y un pantalón de mezclilla entallado que resaltaba su cadera y culo. ¡Pero que culo!

-Lamento la demora, no es algo en mí. -le dije.

-No te preocupes, acabo de llegar también. -dijo mostrando su característica sonrisa.

Entramos al bar y comenzamos a platicar de nuestros pasatiempos y demás gustos.

-¿Te gusta Batman? – pregunté.

-¡Me fascina! Lo he leído y visto desde que soy una niña pequeña. Bueno, aún lo soy – dijo sonriendo. – y por eso también me gustan los X-Men y Star Wars.

¿Una chica inteligente, sexy y que me gusta la ñoñería? “Me saqué la lotería”, pensé.

Seguimos platicando un poco más en relación a temas ñoños y bebiendo un poco más.

Se hizo tarde y decidí acompañarla su casa. Mientras caminamos, la lluvia comenzó a caer. Corrimos a refugiarnos. No pudimos evitar mojarnos. Para suerte de ambos, fue en todos los sentidos.

No sé si fue la cerveza o la plática transcurrida un día antes, pero después de refugiarnos, y como si de película romántica se tratara, comenzamos a besarnos mientras afuera caía la lluvia.

Comencé a tocar sus voluptuosas nalgas mientras ella metía sus manos bajo mi camisa. Poco a poco la tensión sexual entre ambos comenzó a crecer.

Nos dirigimos a un motel cercano para calmar nuestra necesidad primordial. La lluvia nos mojó nuevamente y pero no nos enfrió. Así comenzó lo que sería un “estudio político”.

Al entrar a la habitación, Laura me tiró a la cama y abrió mi camisa. Se quitó la suya y a su vez, su playera de Batman ya húmeda por la lluvia. Al quitarse su playera, un par de pecho blancos se hicieron presentes juntos a un par de pezones rosas. Una vista esplendida ante mis ojos. Se desabrochó el pantalón, la bajó lentamente, y cuál fue mi sorpresa al ver un conjunto de ropa interior color negro que terminaba en tira de tela y que al amoldarse a sus glúteos, daba la forma de una mariposa.

Comencé a quitarme el pantalón, pero ella dijo que aún no lo hiciera. Cómo si de un perro fiel y entrenado se tratara, obedecí. Ella se montó sobre mi, que aún permanecía tirado en la cama. Comenzó a acariciar mi pecho mientras una de mis manos uno tomada unos de sus pechos y la otra agarraba con fuerza y nalgueaba uno de sus delicioso glúteos.

Me besó una vez más. Mi pantalón ejercía presión sobre mis genitales. Ella lo notó y decidió comenzar a besar mi cuello, mis hombros, mi pecho, así hasta llegar a mi pantalón, dónde en un acto rápido, lo desabrochó y dejó salir mi erección, la cual tomo fuertemente con sus manos y dando unos besos a la punta de mi sexo, comenzó a realizar un sexo oral espectacular. Con mucho cuidado y delicadeza pasaba sus labios y lengua por mi órgano reproductor, haciéndome vibrar de placer.

-Espera – le dije. -Acércate.

Ella se acercó, la tomé por detrás y haciendo a un lado su ropa interior, inserté 2 de mis dedos en su húmeda vagina. Sus gemidos fueron música para mis oídos.

Con una de sus manos, a la par mía, comenzó a estimularme con lo cuál nos dábamos placer mutuo. Ella se vino un par de minutos antes que yo, pero aún con todo y espasmos, logró hacer que eyaculara.

Descansamos unos momentos. Laura se paró para limpiarse y secarse el sudor mientras yo me bebía uno poco de agua.

La noche continuó de igual manera, entre gemidos, placer y mucho sexo.

Me resulta curioso que detrás de una sencilla y muy tierna sonrisa, se esconda un demonio sexual capaz de condenar a cualquiera a los pozos de la Lujuria. Y pues, a mí me encanta meterme en ese tipo de problemas.

Después de ese día, Laura y yo seguimos frecuentándonos, tanto que parecíamos pareja. Y creo que ese fue el problema. Me enamoré de ella. De su persona, de su cuerpo, de su rojo cabello como el fuego y sobretodo de su sonrisa. Y parecía que el sentimiento era recíproco.

Después de un tiempo, todo cambió. Laura comenzó a ser más distante, argumentando que era por la escuela, cada vez nos veíamos menos y por menos tiempo. Sus respuestas eran frías y cortantes. Ya sospechaba lo que venía.

Un día, publicó una foto la cual comenté con ciertos emojis, a lo que de forma privada, me dijo:

“Ya no quiero que me escribas eso. Tengo una pareja y no me gustaría que se sintiera mal por ello”.

Una vez más, la vida jugaba conmigo y me hacía perder en su juego. Con el corazón deshecho y el alma rota, actúe de forma inmadura, borrándola de todos lados, bloqueando todos los accesos que le había dado y quitándola de mi vida. Vaya decisión. Mi debate interno.

Como dijo un gran poeta mexicano: “Tardamos en reponernos de los desamores porqué confiamos y nos falla el instinto”. Y es cierto.

Poco después de eso, Laura me contactó. Me dijo que se encontraba decepcionada de mi, ya que esperaba que pese a lo ocurrido, fuéramos amigos y no que me comportara como un imbécil. Eso fue un balde de agua fría para mí.

Había arruinado una relación de mucho tiempo con muchas vivencias y todo por mi mal comportamiento.

Desde ese día hasta la fecha de hoy, no he sabido nada de ella. Aún la extraño y pienso mucho en ella y en su hermosa sonrisa.

Hace un par de días, pasé por fuera de la sede del ya mencionado partido azul y quise esperar a que saliera, pero como buen cobarde que soy, me fui de allí, entré al bar donde la conocí y al calor de un alcohol, decidí beber por ella, por su bienestar y por mi estupidez.

Escrito por: Martín Raygoza @UnTalBanscorpio en Twitter y @BanScorpio en Instagram y Facebook

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