Crónicas de noches lluviosas (Parte 3)

Son poco más de las 3 de la madrugada. Afuera, la lluvia continua cayendo haciendo juego con lo frío de la noche. La ventana está empañada y las luces de la gran ciudad capital parecen distorsionadas.

Despierto de repente. Desubicado. Desorientado. Sin saber absolutamente nada de mi ni de dónde me encuentro.

Me toma un par de minutos incorporarme y reacomodar mis ideas. Miro alrededor y todo en silencio. Un silencio casi sepulcral de no ser por el aire acondicionado, el cual emitía un ligero y casi imperceptible sonido de su motor.

“Estos hoteles con aislamiento de ruido son geniales”, pensé. Y con justa razón.

Una pequeña pero acogedora habitación ñ, con muros color blanco. Quedo inmóvil, fundido en mis aún poco organizados pensamientos mientras observo el techo del mismo color.

Tomé el teléfono celular que se encontraba a un lado de la cama de sábanas blancas en la que me encontraba durmiendo momentos antes. Nada nuevo. Ningún mensaje. Ninguna llamada.

Me dirijo al baño. El llamado de la naturaleza hace su trabajo una vez más. Piso descalzo el frío suelo a causa del aire acondicionado.

– ¿Por qué demonios olvidé las sandalias? – dije en voz media. No quiero despertar a los demás huéspedes.

Regreso a la cama, pues aún hay tiempo para dormir antes de regresar a la monotonía del trabajo. La cama ya está fría. Maldita sea mi suerte.

Afuera, un relámpago ilumina el recinto, seguido, segundos después, del sonido de un trueno. Música para mis oídos.

Vuelvo a tomar el celular. 3:23 AM. Me acuesto mirando hacia el techo. Mis mente es invadida por los recuerdos de hace un par de horas

Me encontraba en la calle, buscando algún lugar donde cenar y dónde refugiarme de la lluvia, la cuál, sin piedad, no dejaba de caer desde el día anterior.

Un par de gotas comenzaron a caer del paraguas. Estaba roto. “Maldita sea mi suerte”, dije mientras veía el pequeño agujero por el cual, el agua caía poco a poco.

Caminaba por una de las avenidas principales y más transitadas de la Ciudad de México. Muchos rascacielos y varios monumentos característicos de la capital. Mi hotel no estaba lejos.

Encontré un puesto de tacos al pastor. No eran los mejores del mundo, pero definitivamente saciaron mi hambre.

Mientras comía, se acercó un tipo. Su expresión mostraba que algo le había sucedido y no era algo favorable.

– ¿Tons’qué, Pepillo? ¿Cómo te fue en el jale? – preguntó el taquero al ya mencionado.

– Del nabo, carnal. No me dejaron seguir. Disque por estar obsoleto y no ser “proactivo”. – dijo el tipo deprimido mientras hacía señas de comillas. – Lo único que hago es hacer lo que me piden y me corren. Pinches malagradecidos. No saben lo que hicieron. – decía mientras refunfuñaba.

Dejé de prestar atención, pues era notorio que el tipo era un conformista y quizás un holgazán. Me estresa ese tipo de gente.

Pagué mi cuenta. En ese momento, llegó corriendo junto a lo que creo que era su novia, un joven de unos 19 o 20 años. Empapados completamente.

– Soy de Uber Eats, vengo por el pedido de David. – dijo mientras esperaba a que le entregaran.

Lo de dejé atrás, pues yo debía regresar a afinar unos detalles para el trabajo a la mañana siguiente. Estaba llegando al hotel donde me encuentro y a los pocos segundos, el repartidor y su novia también llegaron.

Me sorprendió el que, a pesar de andar a pie, el joven no dejaba de trabajar, aún estando bajo la lluvia. Todo lo contrario al sujeto de la taquería.

– Busco a David de la habitación 508. – una habitación casi cercana. Yo tengo la habitación 514.

Desconozco si David llegó o no, pero el joven me motivó a trabajar y a seguir adelante, ya que sin importar el tiempo, uno debe continuar.

Volví en si y volví a revisar el teléfono. 3:36 AM. Aún tengo tiempo de dormir otro poco”. – pensé.

Lo apagué. Me acomodé y dejé que la lluvia siguiera cayendo en la calle. Quizás abrigando a algún conformista o tal vez motivando a alguien que desea comerse al mundo.

Escrito por: Martín Raygoza @UnTalBanscorpio en Twitter y @BanScorpio en Instagram y Facebook

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